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Amor (Caridade, Amor ao próximo)

 Dar esmola é um dever do cristão e um dos pilares da vida religiosa. Ela não deve ser confundida com mera filantropia, nem tem o propósito de extinguir a pobreza. É uma forma de alcançar a Deus e obter o perdão dos pecados. É uma fonte de retribuição celestial. Se constitui um tesouro no Céu

Xavier Léon-Dufour - Vocabulário de Teologia Biblica, Ed. Herder, 1965

3. Limosna y vida religiosa.
Esta limosna no debe ser mera filantropía, sino gesto religioso. La generosidad con los pobres, ligada con frecuencia a las celebraciones litúrgicas excepcionales (2Sa 6,19 Neh 8,10ss 2Par 30,21-26 35,7ss), forma parte del curso normal de las fiestas (Dt 16,11.14 Tob 2,1s). Más aún, este gesto adquiere su valor del hecho de alcanzar a Dios mismo (Prov 19,17) y crea un derecho a su retribución (Ez 18,7 16,49 Prov 21,13 28,27) y al perdón de los pecados (Dan 4,24 Eclo 3,30). Equivale a un sacrificio ofrecido a Dios (Eclo 35,2). El hombre, al privarse de su bien, se constituye un tesoro (Eclo 29,12). «Bienaventurado el que piensa en el pobre y en el débil» (Sal 41,1-4 Prov 14,21). El viejo Tobías exhorta así a su hijo con ardor: «No apartes el rostro de ningún pobre y Dios no lo apartará de ti. Si abundares en bienes, haz de ellos limosna, y si éstos fueren escasos, según esa tu escasez no temas hacerlo... Todo cuanto te sobrare, dalo en limosna, y no se te vayan los ojos tras lo que dieres...» (Tob 4,7-11.15).
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1. La práctica de la limosna.
Es admirada por los creyentes, sobre todo cuando es practicada por extranjeros, por personas que «temen a Dios», que así manifiestan su simpatía por la fe (Lc 7,5 Act 9,36 10,2). Por lo demás, Jesús la había contado, juntamente con el ayuno y la oración, como uno de los tres pilares de la vida religiosa (Mt 6,1-18).
Pero Jesús, al recomendarla, exige que se haga con perfecto desinterés, sin la menor ostentación (Mt 6,1-4), «sin esperar nada a cambio» (Lc 6,35 14,14), hasta sin medida (Lc 6,30). En efecto, no podemos contentarnos con alcanzar un máximo codificado: el diezmo tradicional parece sustituirlo Juan Bautista por una repartición por mitades (Lc 3,11), que Zaqueo realiza efectivamente (Lc 19,8); más aún, no hay que hacerse sordos a ningún llamamiento (Mt 5,42 p), porque los pobres están siempre entre nosotros (Mt 26,11); finalmente, si uno no tiene ya nada propio (Act 2,44), queda todavía el deber de comunicar por lo menos los dones de Cristo (Act 3,6), y de trabajar para venir en ayuda a los que se hallan en la necesidad (Ef 4,28).
2. La limosna y Cristo.
Si la limosna es un deber tan radical, es que halla su sentido en la fe en Cristo, lo cual puede tener un significado más o menos profundo.
  • a) Si Jesús sostiene con la tradición judía que la limosna es fuente de retribución celestial (Mt 6,2.4), que constituye un tesoro en el cielo (Lc 12,21.33s), gracias a los amigos que se granjea uno allí (Lc 16,9), no lo hace por razón de un cálculo interesado, sino porque a través de nuestros hermanos desgraciados alcanzamos a Cristo en persona: «Lo que hiciereis a uno de estos pequeñuelos...» (Mt 25,31-46).
  • b) Si el discípulo debe darlo todo en limosna (Lc 11,41 12,33 18,22) es, en primer lugar, para seguir a Jesús sin echar de menos los propios bienes (Mt 19,21s p), y después, para ser liberal como Jesús mismo, que «siendo rico se hizo pobre por vosotros a fin de enriqueceros con su pobreza» (2Cor 8,9).
  • c) Finalmente, para impedir que se degrade la limosna rebajándola a mera filantropía, no tuvo Jesús reparo en defender contra Judas el gesto gratuito de la mujer que acababa de «perder» el valor de trescientas jornadas de trabajo derramando su precioso perfume: «A los pobres los tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre» (Mt 26,11 p). Los pobres pertenecen a la economía ordinaria (Dt 15,11), natural en una humanidad pecadora; en cambio, Jesús significa la economía mesiánica sobrenatural; y la primera no halla su verdadero sentido sino por la segunda: a los pobres no se les socorre cristianamente sino con referencia al amor de Dios manifestado en la pasión y en la muerte de Jesucristo.
3. La limosna en la Iglesia.
Aun cuando sean necesarios ciertos gestos gratuitos para impedir que se confunda el Evangelio del reino con la extinción del pauperismo, todavía hay que socorrer a nuestro prójimo para alcanzar al «esposo que nos ha sido arrebatado» (Mt 9,15) «¿Cómo mora la caridad de Dios en el que cierra sus entrañas ante su hermano necesitado?» (1Jn 3,17 Sant 2,15). ¿Cómo celebrar el sacramento de la comunión eucarística sin compartir fraternalmente los propios bienes? (1Cor 11,20ss).