Xavier Léon-Dufour - Vocabulário de Teologia Biblica, Ed. Herder, 1965 (Pág: 444/448)María
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II. LA VIRGEN
1. El hecho de la virginidad de María en la concepción de Jesús se afirma en dos tradiciones literarias independientes (Lc 1,26-38 Mt 1,18-23). Está confirmado por algunos testigos antiguos de (Jn 1,13): «Él, al que ni sangre ni carne, sino Dios engendró.» El hecho está, pues, testimoniado sólidamente; su sentido está expresado claramente por Mateo que muestra en él el cumplimiento del oráculo (Is 7,14); Lucas puede referirse también a la misma profecía (Lc 1,31s).
2. ¿Quiso María esta virginidad? Su matrimonio con José exige a primera vista una respuesta negativa. Por otra parte es sabido que Israel no daba gran valor religioso a la virginidad (Jue 11,37s). Lucas, sin embargo, ofrece otro dato. Al ángel que le anuncia su maternidad objeta María: «¿Cómo podrá ser esto, pues no conozco varón?» (Lc 1,34). La frase es elíptica y ha recibido no pocas interpretaciones. La más tradicional, sostenida hoy por críticos exigentes, es ésta:
María es la esposa legal de José. Si en este matrimonio quiere tener relaciones conyugales normales (que la lengua bíblica designa por la palabra «conocer», p. e., Gen 4,1), el anuncio de su maternidad no puede crearle ningún problema. José pertenece a la raza de David; su hijo puede ser el Mesías anunciado por el ángel.
Entonces la pregunta de María carece de sentido. Pero su sustrato semítico permite otra traducción: «
pues no quiero conocer varón». Indica en la Virgen un propósito de virginidad. Esta decisión es sorprendente por parte de una joven esposa. Pero en la Palestina de entonces no era desusada la virginidad: los datos de los autores antiguos sobre el celibato de los esenios han hallado cierto apoyo en los descubrimientos de Qumrán. Por otra parte,
la joven que quería guardar virginidad, difícilmente podía rechazar un matrimonio impuesto por su padre. Todo bien mirado, el texto es favorable a la voluntad de virginidad de María.
3. Entonces ¿qué sentido da María a esta virginidad? Entre los esenios de entonces el celibato se inspira ante todo en una preocupación de pureza legal; significa la abstención de una contaminación física. María no expresa sus motivos, pero todo lo que Lucas deja entrever de su alma supone
motivos más elevados y más positivos de su virginidad. Por medio del ángel la trata Dios de «muy amada». María quiere ser su «sierva», con la nobleza que da a esta palabra la lengua bíblica (Lc 1,38).
Su virginidad parece así una consagración, un don de amor exclusivo al Señor. Por lo demás, se ve ya esbozada en el AT. En efecto, si bien éste ignora la virginidad religiosa, no cesa de exigir el amor exclusivo de los fieles al Señor (Dt 6,5); María, reservándose enteramente a él, responde al llamamiento de los profetas (Oseas, Jeremías, Ezequiel...), de los salmos (Sal 16 23 42 63 84) y del Cantar de los cantares.
4. La mención de los «
hermanos de Jesús» (Mc 3,31 p 6,3 p Jn 7,3 Act 1,14 1Cor 9,5 Gal 1,19) ha inducido a diversos críticos suponer que María no había guardado la virginidad después del nacimiento de Jesús. Esta opinión se opone a la voluntad de virginidad de María y está en contradicción con la tradición que no conoció nunca otro hijo de María. En cuanto a la expresión que crea la dificultad, es sabido que
en el mundo semítico se da el nombre de hermano a los parientes próximos y a los aliados.
III. LA MADRE
A todos los niveles de la tradición evangélica es María ante todo «la madre de Jesús». Diversos textos la designan sencillamente con este título (Mc 3,31s p Lc 2,48 Jn 2,1-12 19,25s). Con él se define toda su función en la obra de la salvación.
1. Esta maternidad es voluntaria. El relato de la anunciación lo pone claramente de relieve (Lc 1,26-38). Ante la vocación inesperada que anuncia el ángel a María, la presenta Lucas preocupada por ver claro:
¿cómo conciliar este nuevo llamamiento de Dios con el llamamiento a la virginidad que ha oído ya anteriormente? El ángel le revela que una concepción virginal permitirá responder a la vez a los dos llamamientos. María, completamente iluminada, acepta; es la sierva del Señor, como fueron sus siervos Abraham, Moisés y los profetas; su servicio, como el de ellos, y todavía más, es libertad.